La idea se basa en el hecho de que para hablar correctamente, los seres humanos necesitamos escuchar lo que decimos, de forma que podemos ajustar nuestro discurso a medida que lo vamos emitiendo. El problema viene cuando hay un ligero retraso entre el momento en que se pronuncian las palabras y el tiempo en que se oyen. Si eso sucede, la gente, desorientada, tiende a dejar de hablar. «SpeechJammer» provoca que alguien que habla escuche sus propias palabras con un retraso de 0,2 segundos.